Madre de Anapaola comparte su fortaleza

A tres años de la muerte de su hija busca acompañar a otras mujeres que han perdido a un ser querido

Madre de Anapaola comparte su fortaleza

Nogales, Son

Como ejemplo de resiliencia y fortaleza, Alejandra Altamirano se ha dedicado a sembrar el amor que su hija le disfrutó por 13 años y a la fecha promueve su vida y obra, más allá de lo que fue su feminicidio y 3 años de los hechos abre su corazón con la firme intención de acompañar y fortalecer a otras madres, a otras familias que pasan el dolor de perder a un ser querido.

“No nada más me ha marcado a mí, sino ha marcado a toda mi familia y a toda una comunidad, porque a través de estos 3 años me he dado cuenta de todo lo que sembró, de todo lo que dejó y hace 3 años, el dos de abril recibí la peor noticia que una mamá puede recibir, que su hija cerró los ojos, que su corazón dejó de latir”, manifestó Alejandra Altamirano. Anapaola Jaramillo Altamirano dejó un legado de felicidad y así es recordada por su familia, a 3 años de que fue víctima de feminicidio

La mamá de Anapaola Jaramillo Altamirano abrió su experiencia de vida como una muestra de aceptación, pero también de agradecimiento por cada momento que tuvo la dicha de convivir con ella y por el acompañamiento de su familia, de amistades y de una comunidad completa que se solidarizó con ella en este su dolor, que ahora enfrente con valor hacia una vida plena, sin negarse a la felicidad.

“Muchas veces uno piensa que cuando se cierra el ataúd, cuando se cierra el nicho y ya todo se acabó no, pero realmente no, ahí es donde empieza el camino de la recuperación, el camino de la sanación, que lo escuchamos mucho, el sanar, el que me voy a recuperar, para empezar no nos recuperamos porque no estamos enfermos, no nos enfermamos, sino perdimos a un ser querido, muy muy querido, como madre el perder a un hijo que tu llevaste en tu vientre, que lo has visto crecer y todo, pues yo creo que es lo peor que nos puede llegar a pasar”, expresó.

Manifestó que la alojó en su corazón y empezó a vivir con su ausencia física, pero la metió en su conciencia para empezar un camino duro, muy doloroso, acompañado siempre con ayuda de profesionales de la salud emocional y más que nada con una actitud de que sí se puede, de que vamos a estar bien, de que se puede estar bien.

“Pero, cuál fue mi decisión, cuál fue lo que yo me puse a ver en ese momento, en quitar esa imagen, en decir, no me puedo quedar con la imagen de mi hija muerta, no, porque mi hija no era como terminó, no era esa personita sin vida, sino mi hija vivió durante 13 años y vivió al máximo y una niña totalmente alegre, que vivía al máximo, que todos los días le sacaba el 200 por ciento de provecho”.

“Entonces me aferré a esa idea, me aferré a esas fotografías llenas de sonrisas, llenas de alegría y lo empecé a hacer mío, o sea, su misión y su vida y su manera de expresarse y de vivir ahora si la trasladé hacia mí y mi corazón”, agregó.

Sobre que allá afuera hay muchas familias, muchas madres que se aíslan con su dolor y difícilmente traducen ese sentimiento en amor como lo ha procurado ella en estos tres años, sino por el contrario, se consumen por el odio, el rencor y la depresión, sin pensar que esa situación también les hace daño, compartió que a ella le ha funcionado agarrar el para qué pasó lo que pasó y aprender de ello, más allá del dolor, porque al alimentarlo se hace más grande y no tiene salida y genera una vida habitada como ‘zombis’, enfrascada en el sufrimiento permanente, que hace más daño, con la premisa que a su hija eso nunca la identificó. Anapaola fue una joven alegre que vivió al máximo sus trece años de vida terrenal.

“Hace muchísimo, muchísimo daño, porque es pensar, ahora sí yo puedo compartir y puedo aconsejar lo que a mí me funcionó, es pensar realmente en lo que fue tu hijo o en lo que fue tu hija, en cómo vivió, en las alegrías, en los recuerdos, en los momentos que te dio, si nos enfocamos en el final, entonces perdemos realmente la misión de nuestros hijos pues, todos tenemos una misión y todos tenemos un inicio y un final, si nuestros hijos se fueron antes, si nuestros hijos vivieron pocos, ese era su tiempo y ellos traían esa misión y traían ese para qué”

En este tercer aniversario como cada de forma recurrente, Anapaola y su familia tuvieron demostración de manifestaciones de ese amor que ella sembró en su corta vida y en la cotidianidad vive manifestaciones positivas desde el amarillo que rodea a diario desde sus momentos que guarda con Anapaola o de personas con las que alguna ocasión coincidió en vida, ya que ella murió físicamente un solo día, pero vivió plenamente por 13 años.

“Amarillo era el color favorito de Anapaola, ella le encantaba el amarillo porque ella decía que se le hacía un color muy alegre y yo ahorita ya lo represento como esa luz que nos ilumina a mí y a toda la familia, a todas las personas que la conocieron, el amarillo eso significa, esa energía positiva, esa luz en el camino, esa guía que ella nos manda”, expuso.

Primera de dos partes…