Testifica 10 años de infierno en las drogas
A los 12 años empezó con los inhalantes, de ahí probó la marihuana, los psicotrópicos, las pastillas y a los 13 años fue su primer ingreso en un centro de rehabilitación.
“Me aventé un proceso de 3 meses y salí, fue cuando consumí el cristal la droga de impacto, en mi caso personal había otros compañeros que me decían que iba a perder todo y dicho y hecho”, relató este joven que permanece bajo resguardo de recuperación en el centro CIDA Nogales, en la colonia Colosio.
Procedente de una familia disfuncional, su padre también era drogadicto y una madre que se la llevaba de fiesta, buscó atención en sus amigos que no encontraba en su casa y finalmente terminó en la calle.
“En la drogadicción era una vida en la que me la llevaba en la pura calle, una persona bien ingobernable, no le quería hacer caso ni a mi familia, no tenía nada, empecé a perder lo poco que tenía, o sea está cabrón la vida allá afuera”, dijo.
Cuenta que es de Obregón, al sur de Sonora, de donde tuvo que salir por problemas a través de la droga, al huir se vine para Nogales, para lo que su familia tuvo que vender todo para venir.
“Fui perdiendo muchas cosas, perdiendo un padre, hermanos y gracias a Dios ahorita se me está volviendo todo, pero me ha costado trabajo”, expresó.
“Vine solo porque ya quiero otra mentalidad, ya quiero cambiar, yo afuera mi vida no ha sido fácil, fueron 10 años de adicción y tuve que venir a tocar la puerta por ese cambio porque ya no quiero volver a lo mismo, andar robando, andar otra vez en las calles, peligrando mi vida, peligrando que me muera, quiero otra vida, quiero recuperar a mi familia”, recalcó.
Aseguró que hay una nueva oportunidad para él, porque en las calles se están muriendo o muchos se están desapareciendo y ya no quiere volver a lo mismo a las calles o vivir en casas solas; agradece a Dios se le ha despertado poder cambiar y hacer otra nueva vida, enfadado de entrar y salir de los centros de rehabilitación.
“Cada uno ha vivido diferentes historias en las calles, o sea, muchos han perdido familia, han perdido hijos, esto es de unión, de echarle ganas, muchos compañeros que se han ido de aquí y ahorita ya no están, ya están en un Cereso o están muertos”, refirió.
“Los que estamos aquí ya sabemos a lo que nos aventamos, si vamos a salir a lo mismo va a ser cárcel, hospital o la muerte, si le damos un giro de 360 grados a nuestra vida pues hay cosa diferente”, señaló.
Comentó el triángulo del CIDA o de otras islas es: casa, hogar y junta, son los tres enfrentas que pueden hacer, sin despegarse de esto porque es lo que los va a alivianar.
Sobre la atención que reciben en el centro dijo están muy contentos, tiene apoyo foráneo con pláticas que los alientan a salir adelante, con la firmeza que hay cosas buenas para él allá afuera.