Don Isidro Ruiz mantiene viva la tradición del cultivo de flores de Día de Muertos en Ímuris
A sus 90 años y con más de siete décadas de trabajo agrícola, don Isidro Ruiz, conocido como don Chilo, continúa siendo referente de una tradición familiar en el ejido La Mesa
En el ejido La Mesa, perteneciente al municipio de Ímuris, Sonora, la tierra guarda historias que florecen año con año. Una de ellas es la de don Isidro Ruiz , conocido cariñosamente como don Chilo, quien a sus 90 años representa el esfuerzo, la perseverancia y el amor por el campo.
Con más de siete décadas dedicadas a la agricultura, don Isidro ha encontrado en la tierra mucho más que una forma de vida: ha construido un legado familiar que hoy continúa creciendo a través de sus hijos, quienes han aprendido de él el valor del trabajo y el compromiso con sus raíces.
Una de las tradiciones que más orgullo le provoca es el cultivo de las flores características del Día de Muertos. Cempasúchil, conocidas también como cempuales, manos de pantera y margaritas, son algunas de las variedades que cada temporada llenan de color los campos de La Mesa y que posteriormente son comercializadas para adornar los altares y cementerios durante esta celebración mexicana.
Pero la belleza de estos sembradíos ha trascendido más allá de su comercialización. Cada año, los campos reciben la visita de catrinas y personas provenientes de diferentes lugares, quienes encuentran en este paisaje natural el escenario perfecto para realizar sesiones fotográficas, convirtiendo las parcelas en un atractivo que celebra la identidad, la cultura y las tradiciones mexicanas.
Y es precisamente ahí donde la historia de don Chilo adquiere un significado especial: su familia no ha permitido que esta costumbre desaparezca. Sus hijos continúan trabajando la tierra y manteniendo la producción de estas flores, demostrando que las enseñanzas de su padre han echado raíces en las nuevas generaciones.
La temporada representa también una oportunidad para reconocer el trabajo de los agricultores de la región. Detrás de cada flor hay meses de dedicación, inversión y esfuerzo de familias que dependen de la venta de sus cosechas.
Por ello, la invitación es a consumir local, visitar el ejido La Mesa y comprar directamente a los productores. Apoyar a estas familias significa fortalecer la economía de nuestra región, reconocer el trabajo del campo y contribuir a que tradiciones tan importantes como esta permanezcan vivas.
A sus 90 años, don Isidro sigue siendo un ejemplo de amor por la tierra. Su historia nos recuerda que las tradiciones no se conservan solamente con recuerdos, sino con personas que las trabajan, las comparten y las transmiten de generación en generación.
Porque en La Mesa no solamente se cultivan flores; también se cultiva una tradición familiar que, mientras siga pasando de padres a hijos, nunca dejará de florecer.
Fotos: Óscar Hernández

