El Puesto Internacional, un ícono fronterizo que ha sobrevivido a tres muros y seis décadas de historia
Jorge Alfonso Cota comparte la historia del negocio fundado en los años sesenta, donde los tradicionales tacos al vapor siguen reuniendo a familias de ambos lados de la frontera
Sonora y Arizona no solo comparten muros, también el sabor mexicano del puesto Internacional desde hace más de 60 años, punto de encuentro de generaciones que ha sobrevivido a cambios políticos, económicos y sociales.
Tres diferentes muros que dividen Nogales, Sonora, y Nogales, Arizona, han sido derribados y construidos mientras el puesto “Internacional” sigue de pie, deleitando a residentes de ambos lados de la frontera desde hace más de 60 años.
El negocio familiar fue fundado por don Alberto Escobosa Montoya en los años de 1960, mi suegro, donde por muchos años la clientela estuvo conformada por empleados de maquiladoras, del ferrocarril y de la central de autobuses, así como por extranjeros que cruzaban todos los días, narró Jorge Alfonso Cota, actual encargado del puesto.
Jorge detalló que tiene más de 40 años trabajando en el negocio y consideró que antes todo era mejor: había más trabajo, se vendía bastante y todo era más barato, pero los tiempos cambian y ellos siguen en la labor.
Yo estoy desde los ochenta y tantos, desde el ochenta y cinco, ochenta y seis aquí. Esto es de mi suegro, Don Alberto Escobosa Montoya, él fue el que lo fundó. Vendemos taquitos al vapor de carne de res y de frijolitos, con su salsita y su soda, contó.
Nomás yo trabajo. Antes trabajaba con mis hijos, pero ya como estamos más calmaditos, me quedo yo solo, estoy trabajando solo. Antes estaba más bueno el producto y todo. ¿Cómo es eso? Porque antes la tortilla estaba bien buena, los limones, todo, la carne… ahora todo lo que comemos nos hace daño, señaló.
Recordó que en sus inicios como trabajador del puesto había mucha clientela que llegaba principalmente de las centrales camioneras y de las maquiladoras, que hoy en día ya no están en el lugar.
Sí, sí, hubo buenos trabajos. Aquí se vendía bastante, en aquellos tiempos se vendían arriba de 10, 11 ollas, pero había maquiladoras, había la central camionera que estaba aquí antes. Estaban las centrales camioneras Norte Sonora, Pacífico, Tres Estrellas, a lo que yo oí, dijo.
Los juzgados federales y en la entrada a Buenos Aires había maquiladoras, y se venían a comer aquí con mi suegro y mi señora. Se vendía más, estaba más barato todo. Un taquito valía 2 pesos, 3 pesos, ¿quién no lo traía en aquellos tiempos?, añadió.
Antes y ahora no… con un peso, con un dólar no te alcanza nada. Eso es lo que ha variado mucho, todo está muy caro. Todos los productos están muy caros. Estamos hablando de que ya ves el tomate, 60, 70 pesos, el chile, la cebolla… todo lo básico de la casa está bien caro. Ya comer en la calle es un lujo, no como antes que comías en la mañana y en el mediodía. Ahora no, comes una vez a la semana en la calle si hay chance, expuso.
Antes con un dólar comía cuánta gente… dos personas comían aquí, porque valía 12.50 pues, y el taco 2 pesos, 3 pesos. Así comían dos personas, recordó.
Dijo que con el paso del tiempo los diferentes gobiernos de los Estados Unidos han construido tres cercos distintos a espaldas del puesto y que muchos de sus mejores clientes se fueron a vivir al vecino país, pero la mayoría sigue regresando ahora con sus hijos o nietos.
Estaba el cerco primero, el de gallinero, de malla. Luego, después de la malla vinieron las láminas esas del Golfo Pérsico, y ahora estos. A ver qué nos espera… al rato van a venir las cajas de tráiler como vienen de allá de Tijuana. A ver si vienen las cajas de tráiler aquí también y también lo hacen cerco, manifestó.
La mayoría de la gente de aquí, de Nogales, se fue a vivir a Estados Unidos, ya sea a Nogales, Arizona, o Tucson. Recalan para acá y se acuerdan: ‘Aquí me traía mi papá, me traía mi mamá’. Recordar es vivir, es lo que nos dejan los viejitos. Yo cuido niños aquí que salen de la escuela del otro lado y aquí se la llevan sentados. Ya andan en la calle y hasta tío me dicen a mí. No me estorban, aquí que se queden, a mí no me estorban, contó.
El buen amigo George, como es conocido en ambos lados de la frontera, recomendó a todos los visitantes que vienen a Nogales comer sus tacos al vapor y los tradicionales tacos de perro.
Si no comes tacos al vapor, haz de cuenta que no viniste. Tienes que comer tacos al vapor y tacos de perro, recomendó.
Hay lugares que sobreviven a la modernidad y se hacen parte de la historia; como el puesto “Internacional”, se convierten en un puente invisible entre dos ciudades hermanas, con recuerdos compartidos. Son testimonio de que la tradición puede más que cualquier frontera.

