“Migrantes no somos criminales”: sudafricana narra su experiencia tras ser expulsada de EE.UU
Selinah Moseadi relató el trato que recibió por autoridades migratorias estadounidenses y cómo en Nogales halló humanidad, apoyo y la posibilidad de comenzar una nueva vida junto a sus hijos
Cuando Selinah Moseadi cerró los ojos por primera vez tras cruzar la frontera hacia Mexico, no lo hizo para descansar, sino para intentar borrar el rostro del hombre que le grito hasta arrebatarle su seguridad, originaria de Sudáfrica, Selina llegó a los Estados Unidos con una visa de turista y en búsqueda de una estabilidad que su país le negaba, sin imaginar que un error administrativo y la falta de orientación la dejarían varada, sin dinero, sin documentos, de noche y en un país que no conocía.
La mujer de 45 años, relató que su travesía comenzó el 23 de marzo de 2025, cuando voló de Sudáfrica con un documento legal de diez años y un permiso de estadía de 6 meses, por lo que tras vivir 5 meses en los Estados Unidos, decidió visitar México, ignorando que debía tramitar un nuevo formulario I-94 al reingresar, por lo que esa falta de información migratoria se convirtió en una pesadilla cuando las autoridades fronterizas estadounidenses decidieron cancelar su visa y procesar su deportación de una manera que ella describió como agresiva y deshumana.
Me trataban como un criminal. Me dijeron que era mi turno para ser conocida. Y la manera en que gritaron a mí, gritando en su voz más fuerte, sabes, no sé cómo explicarlo, pero ese hombre gritó, gritó de una manera que no sabía qué estaba haciendo mal. Y para mí, quería claridad para poder entender y saber en el futuro, para poder ayudar a otras personas y saber cuándo volví a mi familia y relajos, expliqué la historia, que esto es lo que debería ser hecho, debería hacer, porque todos me llamaban, no podían entender, lo que significa que no sabían qué debería hacer. Porque llegaban de África, quería entender, no podía creerlo, mencionó Selinah.
Tras ser expulsada hacia el lado mexicano, la mujer se encontró sola en la línea fronteriza, vistiendo solamente una camiseta, sin ropa abrigadora, ni dinero, por lo que tuvo que pasar su primera noche en nuestro país a la intemperie y fue la intervención de las autoridades migratorias mexicanas que la llevaron al albergue San Juan Bosco, donde finalmente encontró el respeto y la calidez que le fue negada en el cruce internacional.
A pesar de la distancia física de sus hijos de 7, 9 y 26 años, Selinah mantiene la esperanza a través de videollamadas, con la intención de en algún momento poderse establecer de manera legal en México para poder traer a los más pequeños, quienes se dicen emocionados por estar con ella en nuestro país, ya que para ella, este territorio ha dejado de ser un lugar de paso para convertirse en un posible hogar real, donde la gente y su amabilidad le recuerdan a su sitio de origen en el continente africano.
La gente dice que México es un país malo, para mí eso no es cierto. Es un país hermoso, con gente hermosa, con empatía, con la humanidad. Siento que estoy en África. Y la mayoría de las cosas, como encuentras a los demás, siento la conexión. Y ser honesta con ti, cuando estaba en Estados Unidos, no sentí eso. Fue muy extraño. Como si todos fueran de su propio planeta. La conexión no estaba ahí. Pero aquí, en México, hay la conexión, indicó.
Actualmente, Selinah se encuentra a la espera de una respuesta por parte de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) y aunque el proceso para obtener un permiso de trabajo puede demorar hasta un año, por lo que, en el albergue, rodeada de personas que comparten comida y afecto, ha comenzado a sanar las heridas psicológicas del maltrato recibido durante la deportación y pidió a las autoridades migratorias tener en la consciencia que no todos los que cruzan a los Estados Unidos son criminales y deben de ser tratados con respeto.