Joven enfrenta cargos por agresión contra personas sin hogar en Nogales
La Fiscalía General de Justicia del Estado de Sonora informó la detención e imputación de Renzo Eduardo “N”, de 25 años, por su probable responsabilidad en el delito de lesiones graves calificadas con ventaja, en perjuicio de tres personas en situación de calle en Nogales.
La Fiscalía General de Justicia del Estado de Sonora (FGJES) confirmó la formulación de imputación contra Renzo Eduardo “N”, de 25 años, por su presunta participación en una agresión brutal contra tres personas en situación de calle en Nogales, ocurrida el 27 de enero de 2026. Los hechos, que conmocionaron a la comunidad fronteriza, involucraron golpes, patadas, palos y armas blancas dentro de un edificio abandonado conocido localmente como el restaurante Atlantis, en la colonia El Greco.
Las víctimas —José Crescencio “N”, de 43 años; José Manuel “N”, de 26; y Osman David “N”, de 40— fueron encontradas con múltiples heridas, algunas de gravedad, tras pasar horas entre escombros y vidrios rotos. Los dictámenes médicos certificaron lesiones que superaron los quince días de recuperación, sin poner en riesgo sus vidas, pero sí su dignidad. Todos habían dormido en el lugar desde hacía semanas, buscando refugio de las temperaturas extremas y la indiferencia.
La audiencia celebrada el 12 de febrero dejó en claro que el acusado no actuó solo: fue acompañado por otros individuos identificados por testigos como “vagos violentos”, un término que, aunque coloquial, refleja la frustración creciente de vecinos que ya no reconocen como suyo ese espacio. Dos de esos cómplices —Víctor Abel “N” y Ángel Armando “N”— ya fueron vinculados a proceso y permanecen bajo prisión preventiva, tras evidencias contundentes que incluyen cámaras de seguridad de una tienda cercana y declaraciones de personas que escucharon los gritos antes de que la policía llegara.
En las calles de Nogales, donde el hambre y la desesperación se entrelazan con la violencia, muchos ven en este caso algo más que un crimen: una señal de que el abandono institucional ha convertido a los más frágiles en presas fáciles. Vecinos que conocían a las víctimas por su nombre, no por su condición, aseguran que no era la primera vez que el Atlantis se convertía en escenario de hostilidad. “Aquí no se cuida a nadie —dice Doña Leticia, dueña de un puesto de café a dos cuadras—. Pero cuando te atacan por dormir en un lugar que ya nadie quiere, eso ya no es delito. Eso es deshumanización.”
La FGJES reiteró su compromiso con la justicia, pero también con la memoria. “No importa si duermes en una cama o en el suelo —dijo una portavoz tras la audiencia—. Tu cuerpo no es terreno baldío.” Mientras tanto, las víctimas continúan en recuperación, bajo protección, y la comunidad exige que el Atlantis no se convierta en otro lugar olvidado, sino en el punto de partida para una nueva forma de ver lo que significa vivir en la frontera.
