Unidos por el corazón: La lucha contra las cardiopatías en Nogales, frontera y comunidad
En la frontera, el muro divide tierra, pero no el latido. Cientos formaron un corazón humano: mitad en México, mitad en EE.UU. Sin discursos, solo tensiómetros, miradas y la pregunta que nadie más hace: ¿cuándo te revisaste? Aquí, la salud no pide papeles. Solo que te cuides.
En la frontera, donde el muro divide tierra pero no corazones, cientos de personas se unieron esta mañana en un gesto silencioso pero poderoso: formar un corazón humano, con la mitad en Nogales, Sonora, y la otra en Nogales, Arizona. No fue un espectáculo, ni una foto para redes. Fue un acto de resistencia silenciosa contra el tiempo, la indiferencia y las estadísticas que no perdona.
La actividad, organizada por instituciones de salud de ambos lados, no buscó llamar la atención con gritos ni discursos largos. Solo quiso recordar algo simple, pero olvidado: que la salud no entiende de pasaportes, ni de vallas de acero. Que un infarto no pregunta si tu nombre está en el ISSSTE o en el Medicaid. Que la presión alta no se detiene porque el sol se pone al otro lado del muro.
“Esto no es arte. Es urgencia”, dijo la doctora Daniela Lara, al ajustarse el saco de laboratorio mientras miraba cómo los últimos voluntarios tomaban sus posiciones. “Cada persona aquí representa una familia que perdió a alguien por no haberse revisado a tiempo. Este corazón no es solo símbolo. Es un recordatorio.”
Alrededor de 300 personas —estudiantes de enfermería, trabajadores de salud, maestros, adultos mayores, jóvenes con mochilas y vecinos que salieron de sus casas sin saber muy bien por qué— se alinearon en el suelo, con camisetas blancas y corazones rojos pintados en el pecho. El muro, de concreto y alambre, quedó en el centro. No lo rompieron. Lo abrazaron.
Detrás de ellos, en la calle, se instalaron 28 módulos de detección. Sin cita. Sin trámites. Sin preguntas. Solo una enfermera, un tensiómetro, una prueba de glucosa y una pregunta: “¿Cuándo fue la última vez que te revisaste?”
En los últimos meses, las cifras no han mentido: en Sonora y Arizona, más de 4 de cada 10 adultos mayores tienen hipertensión sin control. Uno de cada tres no sabe que la tiene. Y en Nogales, donde los hospitales están saturados y las clínicas privadas son inalcanzables para muchos, estos módulos son una lifeline.
“Vengo cada semana”, dijo Doña Rosa, de 68 años, tras dejar su nombre en el registro. “Mi esposo se fue por un infarto. No lo vi venir. Hoy no voy a dejar que me pase otra vez.”
Los módulos estarán activos hasta fin de mes, en plazas, tiendas de abarrotes, centros comunitarios y hasta en el parque frente a la escuela primaria. Nadie se queda fuera. Ni quienes no tienen seguro. Ni quienes temen acercarse por miedo a la burocracia. Aquí, lo único que se pide es que te mires al espejo y te preguntes: ¿estoy cuidando lo que me mantiene vivo?
El muro no nos separa tanto como creemos. Lo que nos separa es el silencio. Y hoy, aquí, decidimos hablar con nuestro cuerpo, no con palabras.
La campaña “Ama tu Corazón” no nació ayer. Lleva 15 años recorriendo la frontera, desde San Diego hasta Tijuana, pasando por El Paso, Matamoros, Laredo y Ciudad Juárez. Pero esta vez, en Nogales, el mensaje fue más personal. Más cercano. Como el abrazo de una vecina que te invita a tomar café y te pregunta si dormiste bien.
Porque en la frontera, la salud no se cura con leyes ni presupuestos. Se cura con encuentros. Con miradas. Con quien se detiene a preguntar: ¿tú estás bien?
Y si no lo estás… aquí te esperamos. Sin juicios. Sin papeles. Solo con un tensiómetro y un corazón que late al mismo ritmo, de un lado y del otro.