Jubilados del SNTE se reúnen en Nogales para reforzar la unidad sindical
Café humeante, risas que no se apagan y una ficha de asistencia de 1972 en el bolsillo. Ellos no enseñaron con pantallas, pero encendieron sueños más allá de la frontera. Hoy no los recordamos: los seguimos viviendo. Porque el sindicato no es un edificio… es la abuela que nunca se rindió.
En un cálido desayuno que reunió risas, recuerdos y el olor del café recién hecho, la delegación D47 de jubilados y pensionados de Nogales recibió con los brazos abiertos al coordinador regional de la Región 8 de la Sección 54 del SNTE, Fredeberto Hoyos Medina. El encuentro, organizado por la maestra Alma Lorenia Félix García en el marco del Día del Amor y la Amistad, no fue solo un brindis por la amistad, sino un homenaje silencioso a quienes construyeron la escuela que hoy sigue enseñando.
Estos compañeros no solo dieron clases; sembraron principios en plena frontera, donde la educación fue más que un trabajo: fue un acto de resistencia. Hoy, su legado no está en los archivos, está en cada niño que aprende a leer gracias a ellos. Ese es nuestro verdadero patrimonio.
La conversación fluyó entre anécdotas de tiempos en que los libros se compartían entre tres generaciones de alumnos y los salarios se cobraban en efectivo, pero el orgullo nunca se perdió. Hoyos Medina recordó cómo, semanas atrás, jóvenes de Juventud 54 caminaron junto a exdocentes en una visita a la escuela primaria “Benito Juárez”, donde los jubilados contaron cómo, sin electricidad ni computadoras, lograron que sus alumnos soñaran más allá de la frontera.
No se trata de que los jóvenes copien lo que hicimos, sino que entiendan por qué lo hicimos. La unidad no se hereda, se vive. Y aquí, en Nogales, se vive todos los días.
En materia de avances sindicales, el líder regional destacó que, tras el Pleno Nacional de Demandas, ya se han concretado mejoras en las prestaciones de salud y vivienda para los adultos mayores del gremio. Aseguró que el Secretario General, Maestro Jesús Javier Ceballos Corral, mantiene una puerta abierta con autoridades estatales, no para pedir favores, sino para exigir derechos que ya son de todos.
Las negociaciones siguen en curso, pero el tono es de confianza. No se trata de grandes anuncios, sino de pequeños logros que, como las hojas de un libro viejo, se van abriendo con el tiempo: más becas para hijos de docentes, reajustes en pensiones ajustadas a la inflación, y el compromiso de incluir a los jubilados en las mesas de diálogo —no como invitados, sino como voces fundamentales.
Al final del desayuno, mientras los abuelos y abuelas se levantaban con sus bolsas de pan dulce y tamales para llevar, Hoyos Medina se acercó a una señora de ochenta años que aún lleva en su cartera la primera ficha de asistencia de 1972. “Gracias por no dejarnos solos”, le dijo ella. Él le respondió con un abrazo largo, y una frase que quedó en el aire como un mantra: “Nosotros no somos el sindicato. Nosotros somos ustedes, los que nunca se fueron”.