EATON Nogales recibe a la Asociación Down para mostrar su compromiso con la inclusión laboral
En Nogales, donde el aire sabe a frontera y el corazón late en español, lo que se vendió no fue solo una galleta… fue dignidad. Cada cambio contado, cada “gracias” sonriente, fue una victoria que no se midió en pesos, sino en miradas. EATON no abrió puertas: abrió un espejo. Y los jóvenes con Síndrome de Down vieron, por primera vez, su reflejo como protagonistas. Aquí no se dona. Se incluye.
Bajo la calidez de un mediodía en Nogales, donde el aire lleva el sabor del norte y el corazón late con fuerza mexicana, la Asociación Down de Nogales llevó más que productos a los pasillos de EATON: llevó historia, orgullo y manos que aprenden a vender con la cabeza alta.
Entre bolsas de galletas hechas con amor, calcetines que no encajan pero sí enamoran, y tejidos bordados por dedos que antes dudaban de su propio valor, los jóvenes con Síndrome de Down se convirtieron en los protagonistas de una jornada que no se midió en ventas, sino en miradas. Miradas que encontraron reconocimiento en los ojos de los colaboradores de EATON, quienes no solo compraron, sino que se detuvieron, preguntaron, abrazaron y celebraron cada pequeño logro.
No se trata solo de comprar un producto —dijo Martha Moreno, con la voz clara y la mirada firme—. Se trata de ver a nuestros chicos caminar solos hasta el mostrador, contar el cambio con sus manos, decir ‘gracias’ con una sonrisa que no necesita traducción. Eso, eso sí es transformación.
La gerencia de Recursos Humanos, encabezada por Raúl Ramírez, no solo abrió las puertas: abrió un espacio. Jazmín Ortiz y Héctor Valdés se convirtieron en aliados silenciosos, ayudando a organizar los puestos, animando a los vendedores, registrando cada venta como si fuera un acto de justicia social. Y así, entre risas y abrazos, se agotó casi todo lo que trajeron. No por la urgencia del mercado, sino por la urgencia del corazón.
En esta frontera donde lo económico y lo humano a veces parecen caminar en direcciones opuestas, EATON eligió caminar junto a quienes necesitan más que donaciones: necesitan oportunidades reales, con horarios, con responsabilidades, con dignidad.
Lo recaudado no se usará en publicidad ni en informes anuales. Se usará en terapias de lenguaje que no se pagan con subvenciones, en talleres de cocina donde se enseña a preparar tacos y a manejar un presupuesto, en uniformes nuevos para quienes van a la escuela, y en el mantenimiento de ese pequeño edificio que, con pocos recursos, se convierte en refugio, en aula, en hogar.
Esto no es una campaña. Es una costumbre que nace. Una costumbre de ver a las personas antes que a los problemas. Una costumbre de decir: “Tú también perteneces aquí”. Y en Nogales, donde la vida se vive entre dos mundos, esa frase no es un lema: es una práctica diaria.