Miles recorren 88 kilómetros de Nogales a Magdalena para cumplir su manda

La tradicional peregrinación reúne a miles de fieles que enfrentan cerca de 15 horas de caminata para llegar hasta la capilla de San Francisco Javier y agradecer favores recibidos

Miles recorren 88 kilómetros de Nogales a Magdalena para cumplir su manda

Movidos por la fe, miles inician un camino que los llevará por 88 kilómetros y cerca de 15 horas de pagar por una manda que, desde el siglo XVII, se ha llevado a cabo por aquellos que fueron ayudados y fortalecidos por el padre Eusebio Kino. 

La carretera que conecta a la frontera de Nogales con el Pueblo Mágico de Magdalena se transforma durante los primeros días de octubre en un rio de devoción inquebrantable, sumando cada año a más de 100 mil personas que realizan este peregrinaje, una caminata histórica que tiene su profundo respeto que los pueblos originarios de la región, como los Tohono O’odham, Pápagos y Pimas, forjaron hacia el misionero tras su muerte en 1711, convirtiendo su lugar de descanso final en un punto de encuentro. 

A lo largo del trayecto, el asfalto y el acotamiento se vuelven testigos del desgaste físico de los caminantes, quienes avanzan a pesar de las ampollas en los pies y el dolor en las piernas, sin embargo, el cansancio corporal parece desvanecerse ante el alivio espiritual de cumplir una “manda”, avanzando ante un incremente sol y el frio de la madrugada con la única convicción de agradecer un milagro concedido, la sanación familia o la protección contra la adversidad. 

El fervor que envuelve este agotador recorrido, es producto de una forma muy peculiar de las comunidades del norte de Sonora de cumplir con una tradición cultural y a la vez religiosa, y si bien el padre Kino, siendo jesuita dedicó su obra y misiones a San Francisco Javier, cuya fiesta oficial se celebra en diciembre, el clima y otros factores la recorrieron al 4 de octubre, que es cuando coincidentemente se conmemora a San Francisco de Asís, razón por la cual la imagen venerada porta el tradicional habito café franciscano. 

Tras cruzar los paisajes del norte de Sonora, el agotamiento encuentra su recompensa y su prueba final al ingresar a la capilla, ya que, frente a ellos, descansa la figura de tamaño real del san Francisco Javier recostado, en donde se forma una fila interminable de fieles que aguardan su turno para cumplir con la culminación de su manda, intentando levantar la imagen tomándola por la cabeza. 

La tradición oral dice que la figura conoce las verdades intenciones del corazón, mientras que para los curiosos o aquellos que asisten sin verdadera devoción el santo se presenta inamovible, como si estuviera hecha de plomo, quienes llegan con una fe genuina y el alma limpia logran alzarla con una ligereza que desafía la lógica, sellando su pacto de gratitud o pidiendo a los devotos, caminar otro año.