De conserje a maestro inolvidable: la historia de Pablo Lechuga en la Federal 1
El profesor Pablo Lechuga Borquez rememora más de dos décadas formando estudiantes en Nogales, donde sus clases de historia y civismo dejaron huella por su disciplina, humor y amor por la identidad nogalense
La vocación de Pablo Lechuga Bórquez, no nació en un aula de normalista, sino en la memoria de un linaje que entendía la enseñanza como un acto de servicio a la comunidad, y si bien creció en un hogar donde el derecho en la ruta trazada por su padre, en su sangre corría la historia de su abuelo, quien fue uno de los primeros maestros en Querobabi y un capitán del ejército que supo combinar la disciplina militar con la nobleza de transmitir el conocimiento, aquella figura de Don Tirzo sembró en Pablo un orgullo por la docencia que florecería décadas después, transformado las leyes en una vida dedicada a la tiza y el pizarrón en Nogales, Sonora.
Antes de ser maestro, Pablo fue un joven que entendió lo que la presión social podía lograr incluso frente figuras de talla internacional, ya que en 1974, durante la visita del presidente Luis Echeverría para reunirse con su homólogo de los Estados Unidos Gerald Ford, junto a sus compañeros de la preparatoria federal, decidieron alzar la voz, haciéndose paso entre guaruras y codazos, para abordar al mandatario mexicano y exigir un edificio propio para su escuela, que con el paso del tiempo se convirtió en lo que ahora es el Instituto Tecnológico.
Sin duda el giro definitivo hacia las aulas ocurrió poco después en una banqueta de la Ciudad de Mexico, en los años setenta, ya que, tras un encuentro con un doctor en educación, se trasladó a Colima para formarse formalmente como docente, lo que comenzó con su misión de vida, regresar a su amado Nogales para devolver a la frontera, a través de la tiza y la palabra, todo lo que su familia le había enseñado sobre el amor por su tierra.
¿y cómo te entró la idea de la docencia si tu papá fuera abogado? Sí, pero mi abuelo Tu abuelo era... Fue maestro en Querobabi. El primer maestro. Y ahí los riquillos le hicieron dos cuartitos. ¿Y qué decía don Tirzo? Que qué orgullo. Que qué orgullo porque su papá fue capitán del ejército y maestro, manifestó Lechuga.
Pablo inició su labor en 1976 en la Secundaría Federal 1 con una primera plaza como conserje, barriendo los mismos pasillos que después recorrería como maestro, sin embargo entre intendente y docente, paso primero por prefectura, en donde tras la mudanza de uno de los titulares, le concedieron horas con la clase de Historia, a lo que aportó un estilo único que no conocía horarios, ya que también formo parte de la planta de guías de las secundaria nocturna Jesús García Corona en el mismo edificio por ocho años.
Salen profes, se van, se jubilan, se van a su rancho, etcétera, etcétera. Y ahí es donde empiezas a acumular las horas, horas semana a mes, grupo por grupo, en tu especialidad. Pues yo me concentré mucho en historia...Trabajé en la secundaria nocturna, Jesús García Corona, ya desapareció. Ocho años. Di clases, me invitaban a dar clases de historia de Nogales, en la Covarrubias, en las escuelas primarias, en la Unison, en la UTN, en la UVM, ok, y escuelas particulares. Y yo feliz, indicó el maestro.
Su impacto dentro y fuera de las aulas fue profundo y alegre, asi lo recuerda Araceli García, alumna de Pablo y ahora directora de Bienestar Social en Nogales, que recordó al “Profe Lechuga” quien convertía la clase en una experiencia dinámica, logrando que el aprendizaje en ciencias sociales fueran momentos de risas y también instrucciones estrictas, que generaban reflexión genuina sobre el entorno de Nogales.
Era un maestro que nos incorporaba a su clase, que nos hacía reír. Y pues muy contenta de haber sido parte de este alumnado que ahora se extraña, se extraña ese tipo de maestros de verdad. Ahora lo veo yo en mis hijos y qué más quisiéramos. Más Pablos Lechuga acá afuera como otros maestros...Pues mi agradecimiento inmensamente, porque parte de lo que soy y lo que he aprendido en la vida, él fue parte de ese crecimiento, de lo que nos enseñó. Ahora en ese momento quizás no lo valorábamos como lo valoramos hoy. Y pues mi inmenso agradecimiento y que tenga muy feliz día del maestro, comentó Araceli García, exalumna de Pablo.
Para Pablo, ser maestro era también ser un guardián de los valores, Myrna Galaviz, que forma parte de los trabajadores del Ayuntamiento de Nogales, y que fue de la generación de los ochenta, atesora las lecciones de un hombre que salía del molde del profesor tradicional, para enseñar civismo a través de los ejemplos diarios, transmitiendo una responsabilidad integra que sus alumnos han llevado consigo durante décadas.
Fue en septiembre de 1983 y siempre nos apoyó, siempre nos inspiró para que fuéramos unos buenos alumnos. Era estricto en la cuestión de cuando había quejas del grupo en el comportamiento. Y al final, del término del ciclo escolar, nos premió con una rifa que estaba de moda Michael Jackson y llevó un disco, un LP, me bien recuerdo. Hizo la rifa entre todos los 30, 35 compañeros que estábamos en el primero B, pero ya era en junio de 1984. Y cuando hizo la rifa, pues yo fui la agraciada, por eso es que lo recuerdo de que yo me saqué el disco...A Pablito yo siempre le he dicho que lo quiero mucho. No es un afecto nada más de un maestro. Es el afecto de una persona que me dejó una enseñanza de que, a través de la vida, la historia, siempre debemos de ser buenas personas, debemos de ser atentos hacia los demás, comentó Myrna Galaviz.
Esa pasión calo hondo en sus alumnos como Iván Orozco, ingeniero de profesión y miembro de la Tribu Lipan Apache originaria de Nogales, quien encontró en las clases de Pablo, la semilla del orgullo por la identidad nogalenses, ya que el maestro no solo narraba la historia, sino que la defendía con una emoción que contagiaba a sus estudiantes, enseñándoles que defender sus raíces era defender su propio futuro.
Lo recuerdo con mucha estima. Recuerdo que se me quedaron algunas ideas o frases o cosas que aprendí con él que no nada más era él como maestro, sino su personalidad que de alguna manera también reforzó ese orgullo de identidad nogalense. Me acuerdo cuando comentaba, por ejemplo, la gesta del 27 de agosto u otras actividades que pasaban aquí en la frontera. Lo contaba de una manera graciosa, pero siempre, así como, pues es que de aquí somos y tenemos que defender. Siempre decía, no, pues se metieron y pues ruscos para los que no son del barrio. Pero era así, fomentaba mucho su, hacía notar ese orgullo de identidad, el de saberse de aquí y eso sí se me quedó, relató Iván Orozco.
Al repasar sus fotografías, Pablo revive una época en donde su labor de docente se entrelazaba con la vida pública de Sonora, desde encuentro con figuras como el profesor Rogelio Perea, hasta inauguraciones industriales, cada imagen refleja un hombre que siempre creyó que el respeto mutuo es entre maestro, alumno y familia, como una clave para transformar la educación.
Está el profe Perea, ya paso a mejor vida. El profe Perea, Rogelio Pérea González. El hombre más honesto que yo conocí. Director, sí, con mucho esfuerzo, mucho esfuerzo. Este, vino de Chihuahua y empezó con clases de química y física. Llegó a director. Sí, enseguida está la hermana de un maestro que estaba muy enfermo, del profe Encinas. Y enseguida las niñas que nos dieron un regalo ahí en el Teatro Auditorio. cuando me jubilé, recordó Lechuga.
Tras jubilarse en 2002, Pablo Lechuga Bórquez cerró un ciclo de entrega vocacional, pero su voz nunca dejo de resonar en los pasillos de la Federal 1, por lo que hoy a sus 76 años mira hacia atrás con la satisfacción de haber cumplido con el legado de su abuelo, dejando como último mensaje una palabra de agradecimiento a los miles de jóvenes que le permitieron ser su guía aunque haya sido por un periodo breve.
Darles las gracias por haber sido mis alumnos. Todas las inquietudes que tuvieron, propias de su edad, regaños, gritos, felicitaciones, trabajos que se hicieron a nivel secundario, manifestó.