José Miguel mantiene viva la tradición de las piñatas

José Miguel Rubalcaba Romero transforma su oficio en un acto de empatía, apoyado en la tradición y el trabajo artesanal

José Miguel mantiene viva la tradición de las piñatas

José Miguel Rubalcaba Romero, de 58 años, originario de Nogales, Sonora, y residente de la colonia 5 de Febrero, se gana la vida vendiendo piñatas en las calles de esta frontera desde hace varios años.

José detalló que también es conocido por vender imágenes de la Virgen y de San Judas que él mismo talla en madera, con lo que saca recursos para su sustento y el de su familia.

Me gusta la vendimia, me gusta vender. Vendo piñatas, casas de perros, imágenes de la Virgen de Guadalupe, San Judas, de madera, tallados por mí. Yo pienso que ya mucha gente me conoce de muchos años aquí en Nogales. Siempre me ha gustado el comercio así de la vendimia, de las piñatas. Los niños se ponen muy feliz con las piñatitas que uno vende, ya sea de Día del Niño o en Navidad. Hasta a las mamás también les hacemos piñatas de ‘chanclas’, para que les den un ‘chanclazo’ a ellos los hijos, para que recuerden el ‘chanclazo’ de niños, dijo entre sonrisas.

Rubalcaba Romero comentó que considera su oficio algo muy bonito, pues le complace ver la cara feliz de los niños que llegan a comprar sus piñatas que, aunque él no las fabrica, las vende desde hace más de cinco años en las calles de esta frontera, por temporadas.

Desde hace cinco años que las vendo. Una amiga mía las fabrica, mi amiga se llama Selene, ella las hace, es muy original, comentó.

Con la madera hago esculturas como San Judas Tadeo, la Virgen de Guadalupe, casas de perros; mi cuerpo sufrió una enfermedad ocular y ahorita ya no puedo cargar pesado ni trabajar en una carpintería y hacer esas labores de tallado… y ahorita pues me dedico a esto, a las piñatas, platicó.

José Miguel recordó que su papá era un carpintero muy reconocido en esta ciudad de Nogales, quien era el propietario de la “Carpintería Rubalcaba”, que se ubicó sobre la avenida Ruiz Cortines hace algunos años, donde parte de su oficio fue el pintar y tallar la madera, lo cual ya no hace por una enfermedad que le originó la diabetes.

Me pusieron una inyección para un derrame y apenas ahorita ando recuperándome ya, gracias a Dios, para seguir trabajando, dijo.

Comentó que el costo de sus piñatas varía según el tamaño y el personaje que se hagan por temporadas, pero que su ganancia aproximada es de 150 pesos.

Bueno mire, las piñatas valen 600 pesos y me quedan a mí 150 pesos de ganancia… 150, a veces 200, depende de, la gente a veces no trae y yo les ayudo a dejarles un descuento, aunque yo gane más poquito. Para que se la lleve el niño contento. La carita feliz de los niños, eso es lo que me da alegría, aseguró.

Pues hacen todas las piñatas, las que gusten. Las temporadas es el Día del Niño, el Día de las Madres, el Día de la Coneja, las conejas y la Navidad. Son las mejores, sí que Santo Claus, del Grinch, de Monos de Nieve, todos esos personajes navideños es lo que se desarrolla en esas temporadas, es lo que hacen los muchachos, finalizó.

José Miguel dijo que es capaz de restar al precio de las piñatas su ganancia total con tal de ver a un niño feliz, ya que siente bonito verlos sonreír; sus mejores clientes son los residentes de esta frontera, pero tiene clientela que lo busca desde Arizona y pide a la sociedad que no olvide esa bonita tradición mexicana de quebrar la piñata en cada celebración.