Pupusas y resiliencia: historia de esperanza en la frontera
Originaria de El Salvador, Jessica Minero encontró en Nogales un nuevo comienzo tras huir de la violencia; con apoyo de organizaciones civiles, hoy comparte su gastronomía tradicional mientras redefine el “sueño americano” desde México
Lo que comenzó como un largo y extenuante viaje desde Centroamérica en busca del “sueño americano”, ha encontrado una pausa indefinida, y un nuevo comienzo, en la frontera de Nogales, Sonora. Ante el endurecimiento de las políticas migratorias de Estados Unidos y las complicaciones propias de la travesía, migrantes de países como El Salvador demuestran que la supervivencia y la resiliencia no tienen fronteras.
Tal es el caso de Jessica Minero, originaria de El Salvador, quien salió de su país en una caravana migrante el 5 de noviembre de 2024 al huir de la violencia. “Tuvimos un proceso muy feo allá en El Salvador por amenazas, y siempre está el trauma de que si regresamos nos pueden hacer algo”, relató, al precisar que volver a casa no es una opción.
Su objetivo era cruzar a Estados Unidos de manera regular, tras un arduo trayecto que incluyó viajar en tren desde Oaxaca hasta la Ciudad de México, Jessica y su familia lograron obtener una cita a través de la aplicación CBP One para el 18 de enero. Sin embargo, los contratiempos de las carreteras mexicanas les impidieron llegar a tiempo, ya que para cuando lograron establecerse en Nogales, las restricciones fronterizas ya habían cerrado sus opciones de ingreso regular.
“El propósito de Dios creo que era que nos quedáramos aquí”, reflexiona Jessica con optimismo. Lejos de rendirse, ha decidido compartir un pedazo de su tierra con los nogalenses a través de la gastronomía. Desde hace dos semanas, instaló un puesto de popusas, el platillo tradicional salvadoreño por excelencia, cerca de las instalaciones de la Iniciativa Kino, de apoyo a migrantes, en el bulevar Colosio de acceso a la garita III “Mariposa”.
A las 5 de la mañana, Jessica comienza la preparación de la masa y los ingredientes para ofrecer popusas “revueltas”, de chicharrón, frijol y queso, así como de calabaza, camarón y jalapeño. “Es un procedimiento largo, el chicharrón tiene tres cocimientos”, explicó. Aunque muchos habitantes locales aún desconocen el platillo, la respuesta ha sido positiva y poco a poco se han ganado el paladar de la comunidad.
La consolidación de este emprendimiento ha sido posible gracias a la red de apoyo local, Jessica destacó la ayuda de asociaciones civiles como Voces de la Frontera, quienes les han brindado alojamiento, así como de la Iniciativa Kino y la Cruz Roja, representada por la comandante Lupita González, que les facilitaron los permisos necesarios para poder trabajar honradamente en la vía pública.
Mientras las barreras legales y físicas de Estados Unidos mantienen a miles de latinoamericanos varados en el norte de México, historias como la de Jessica reflejan la transformación del fenómeno migratorio: las ciudades fronterizas han dejado de ser simples salas de espera para convertirse en nuevos hogares.
“Que Dios sabe cómo lleva sus cosas y hay que echarle ganas donde Dios lo ponga”, es el mensaje que Jessica envía a otros migrantes, al invitar al mismo tiempo a la comunidad de Nogales a probar sus popusas de lunes a sábado, de 7:00 a 11:00 de la mañana; una prueba viva de que el verdadero sueño es, al final del día, una vida libre de violencia y con oportunidades para trabajar.