El oro se impone como regalo estrella en San Valentín en Nogales

En Nogales, las joyerías registran menor volumen de ventas en piezas de oro, pero el alza constante en el precio del metal mantiene rentable el negocio, especialmente en fechas como el 14 de febrero, diciembre y el 10 de mayo.

El oro se impone como regalo estrella en San Valentín en Nogales

En Nogales, donde el eco de las bocinas de Arizona se mezcla con las risas de las familias que buscan el regalo perfecto, el oro no solo brilla en las vitrinas: late en el corazón de las tradiciones. Cada 14 de febrero, las joyerías se llenan de hombres con miradas serias y bolsillos bien abultados, buscando algo que diga más que palabras: algo que dure.

Las ventas de joyas de oro no han caído, aunque sí han cambiado de forma. Ya no se trata solo de anillos de compromiso o cadenitas de oro para los niños —aunque esos siguen siendo clásicos—, sino de piezas que cuentan historias: un collar con la inicial del nombre de la esposa, un brazalete con una fecha grabada, un par de aretes que recuerdan el primer viaje juntos a la playa de Puerto Peñasco.

Los joyeros lo saben bien: el 80% de quienes entran por la puerta son hombres, pero el 95% de las decisiones las toman ellas —aunque no lo digan en voz alta. “Vienen con una idea, pero se van con otra”, cuenta Rosa, quien lleva 27 años detrás del mostrador en la calle Hidalgo. “Ellos piensan en un anillo, pero cuando ven la pieza que ella lleva puesta desde hace años… ahí es cuando se iluminan.”

La demanda sigue siendo fuerte, pero el cliente ya no es solo el de la calle principal. Cada semana, docenas de vehículos cruzan la frontera desde Tucson y San Diego, con familias enteras que buscan oro a precio justo, sin los impuestos que pesan al otro lado. “Aquí no te cobran el 10% de IVA, y el diseño es igual de bonito”, dice un cliente de Phoenix, mientras prueba una alianza de 18 quilates con un detalle de filigrana. “Y el trato… aquí te miran a los ojos.”

El precio del oro sigue subiendo —hoy, casi 2,500 pesos por gramo en oro puro—, pero eso no asusta. Al contrario: muchos lo ven como una inversión que se lleva en el cuello o en el dedo. “No es solo un regalo. Es un seguro”, dice Miguel, dueño de una joyería en la avenida 5 de Mayo. “Si algo pasa, puedes venderlo. Si no, lo heredas. Eso no lo hace ninguna flor ni caja de chocolates.”

Y aunque las redes sociales llenan las pantallas de pulseras con mensajes de amor y filtros de diamantes, aquí, en la frontera, todavía se cree en lo que pesa, en lo que brilla con luz propia, en lo que se lleva como un juramento silencioso. Porque en Nogales, el amor no se compra con promesas. Se compra con oro. Y se lleva para siempre.