Nogales abre espacios para comerciantes en vísperas del 14 de febrero

El Ayuntamiento de Nogales, encabezado por el secretario Hipólito Sedano Ruiz, implementó un plan para ordenar la venta por el 14 de febrero, otorgando entre 80 y 90 permisos a comerciantes semifijos y delimitando espacios para evitar competencia desleal y caos vial. La medida busca equilibrar oportunidades entre negocios establecidos, ambulantes, estudiantes y organizaciones, además de fomentar el consumo local.

Nogales abre espacios para comerciantes en vísperas del 14 de febrero

Con el 14 de febrero a la vuelta de la esquina, el Ayuntamiento de Nogales activó un plan de espacios autorizados para que los vendedores ambulantes y los comerciantes establecidos compartan el momento sin que ninguno se quede atrás. “No se trata de quitarle el pan a nadie, sino de asegurar que todos coman con dignidad”, dijo Hipólito Sedano Ruiz, secretario del ayuntamiento, mientras recorría las calles del centro histórico donde ya se instalan los primeros puestos de flores, chocolates y corazones de papel reciclado.

Lo que buscamos es que el florista que lleva 20 años en la esquina de Hidalgo y Morelos no tenga que competir con alguien que pone una caja en medio de la banqueta y se va al día siguiente. Por eso, les dimos acceso a los estacionamientos traseros, a los andadores laterales, a los espacios que antes eran de nadie. Ahí pueden vender, pero sin bloquear, sin gritar, sin invadir. Y lo más importante: respetando el horario. No más ventas a las 7 de la mañana ni a las 11 de la noche. Aquí se vive, pero también se respeta.

Se otorgaron apenas 85 permisos temporales, distribuidos en zonas previamente delimitadas: frente a las panaderías históricas, cerca de las escuelas, y en los puntos donde los automóviles de los estadounidenses que cruzan para comprar su regalo suelen detenerse. Cada puesto tiene un número, un horario y una regla clara: nada de altoparlantes, nada de acaparar el paso, y sobre todo, nada de vender lo que no se fabrica en la región.

Después del 14 de febrero, viene el 10 de mayo. Y después, los estudiantes que necesitan juntar dinero para su graduación, las madres que quieren un ramo que no venga de China, los jóvenes que venden pasteles hechos en casa. Este no es un permiso para aprovecharse. Es una puerta abierta —pero con responsabilidad— para quienes hacen de la calle su taller, su oficina, su fuente de vida. Y nosotros, como gobierno, no podemos cerrarla. Solo tenemos que guiarla.

En los últimos días, las tiendas tradicionales del centro han visto cómo sus clientes vuelven a buscar el ramo con clave de rosa de San Juan, el chocolate artesanal de la abuela Rosita, o las tarjetas pintadas a mano por los alumnos de la secundaria Benito Juárez. “Aquí no se compra por precio. Se compra por memoria”, dijo María Elena, dueña de ‘Flores del Río’, quien lleva 37 años en el mismo local. “La gente sabe que si le das un ramo de aquí, le das un pedacito de Nogales”.

El llamado del ayuntamiento es claro: consume local, pero también con conciencia. Que el que vende en la calle no sea visto como un intruso, sino como parte de la misma familia que lleva décadas sosteniendo este tejido económico. Y que el que tiene su negocio fijo no vea en el ambulante una amenaza, sino un compañero que también quiere celebrar el amor —sin perder el respeto por el espacio que todos compartimos.