Dulce o truco por las calles de Nogales

La pequeña Silvana lució un encantador disfraz de calabaza.



Elizabeth González
Nuevo Día / Nogales, Sonora


El pan de muerto, el olor a incienso y la advertencia de topar con la huesuda, no inmutaron a los niños, para permanecer en sus casas, pues el interés en ser partícipes de la fiesta de disfraces que vibraba por las calles los llamaba.
Pelucas, vestidos, máscaras, medias, capas y todo artefacto que emulará a lo tétrico, fueron el recurso de muchos para engrosar el acto multitudinario de Hallowen y cuya presencia fue ineludible. La ciudad por unas horas dio espacio a la vida y muerte.
 La convivencia entre vivos y muertos dejó saldo blanco, pues cualquier: banqueta, espacio público, centro comercial, puesto de tacos e inclusive automóviles; sirvieron de pasarela para los más creativos disfraces portados por niños, que acompañados por sus padres dieron vida a la exigencia del Dulce o truco para mantener viva una tradición a través de deambular entre negocio y negocio y obtener un dulce botín.

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